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A seis aƱos del golpe

A seis años del golpe

 

José Gregorio González Márquez

caminosaltair@hotmail.com

 

Los días de abril de 2002 fueron aciagos para la República. El golpe de estado del 11 de abril permitió conocer con certeza el talante “democrático” de amplios sectores de la oposición venezolana. El filofascismo se manifestó en una celebración donde  los aplausos  constituyeron la expresión más rancia de dirigentes de la derecha. Cadáveres políticos, empresarios, obispos, sacerdotes, militares, periodistas y toda una caterva de arribistas lanzaban vivas cada vez que el empresario advenido en reyezuelo suspendía los Poderes nacionales legítimamente constituidos. Sin vergüenza, atenidos al apoyo que les brindó el imperialismo, se consideraron de nuevo en el poder. Triste para ellos, como señala la conseja popular, el movimiento golpista se  convirtió en alegría de tísico. Es indudable que el protagonismo del pueblo venezolano impidió que la situación aberrante creada por los fascistas durante algunas horas en el país, lograra consolidarse. El rescate del hilo democrático demostró que los  venezolanos queremos vivir en paz pero también estamos dispuestos a defender la Constitución Nacional y las Leyes de la República.

Poco tiempo tardaron los golpistas en mostrar sus intenciones; junto a los medios de comunicación iniciaron una campaña mediática para acusar al sector oficialista de asesinos y bandoleros mientras desataban una persecución y violentaban los derechos humanos de innumerables compatriotas. Lo ocurrido en Puente Llaguno era apenas un ápice del proyecto dictatorial que manejaban los gorilas. La felonía disfrazada de felicidad  apareció frente al país repartiéndose en trozos, el poder. Carmona Estanga    hizo su  agosto ante la mirada impávida de los venezolanos. Hoy, después de seis años, la oposición radical no ha aprendido la lección. Aún persisten en su idea de desestabilizar al país, de conducirlo a una guerra civil sin importarle el costo humano, político y social que pueda acarrear un conflicto. Todavía sueñan con acceder al poder por la vía de la violencia pues nada les importa el dolor ajeno ni los sentimientos del colectivo. Que no se equivoquen de nuevo; el Camarada presidente no está solo, detrás de él bullen las huestes socialistas dispuestas a defender  la constitucionalidad, la vida en democracia, los preceptos de igualdad.

Red Nacional de Escritores José Gregorio González Márquezcaminosaltair@hotmail.com 

La palabra convoca, nos permite acercarnos al mundo de la escritura, nos alimenta el espíritu para llevarnos hasta la placidez de la obra escrita. El escritor es artesano del pensamiento, trabaja símbolos gráficos, los convierte en vida; forja las ideas buscando   llevar hasta sus semejantes vestigios de un mundo posible; revive en su escritura el génesis de la creación. Bajo el lema Maravilloso país en movimiento – frase acuñada por el poeta Víctor Valera Mora, el chino Valera – se celebró en la ciudad de Barinas el Encuentro Nacional de la Red de Escritores de Venezuela. Durante los días 6,7 y 8 de marzo la Fundación que agrupa a gran cantidad de hacedores de la palabra, se reunió para darle vida a un proyecto que se ha venido conformando desde hace algunos años. Las jornadas se iniciaron con un foro cuyo tema hacía referencia a la necesidad de defender la soberanía venezolana y de otros países y la discusión de un pronunciamiento contra la guerra. Indudablemente, en este foro se condenó la agresión sufrida por la hermana República del Ecuador  cuando el gobierno fascista del presidente Uribe ultrajó y violentó  el territorio ecuatoriano.

Resulta importante resaltar que después de muchos años, los escritores y escritoras  venezolanos tienen la posibilidad de agruparse alrededor de una Fundación que vele por sus intereses y los proyecte desde su quehacer para mostrar el trabajo que realizan y que poca difusión ha tenido en el ámbito nacional e internacional. Las propuestas analizadas y discutidas en la reunión de Barinas no  quedaron solo en el discurso ambiguo y  poco productivo; se desarrollaron mesas de trabajo donde se examinó el rol del escritor en el actual proceso de cambio que vive el país. Lejos de proponer cuestiones referidas solamente  a sus intereses, los escritores dedicaron su tiempo a formular planes para llevar al colectivo el conocimiento que manejan y la posibilidad de mostrar sus creaciones dentro y fuera de nuestras fronteras.

Venezuela cuenta con un importante número de escritores y gran parte de ellos están concientes del papel que juegan en estos momentos; por lo tanto, se selló el compromiso de trabajar en función de la colectividad; de promover  y articular las actividades relacionadas con la producción editorial para que el libro sea un compañero de los venezolanos; se propuso crear un sistema nacional de certámenes, bienales, premios y concursos literarios para estimular a los escritores y llevar a las comunidades, escuelas y liceos la palabra escrita. Se solicitó la activación de los círculos de lectura en los Consejos Comunales, escuelas, cárceles, hospitales y todos los ámbitos posibles para hacer de la lectura una fortaleza que nos permita comprender nuestra realidad histórica. Asimismo, se propuso la conformación de una Red de escritores y escritoras de Latinoamérica y el Caribe cuya función sea estrechar los lazos de amistad y solidaridad de los pueblos a través de la palabra y fomentar el trabajo literario de sus miembros. En cuanto  a la seguridad social del escritor, se buscó diseñar planes y programas que les permitan incorporarse a los planes de vivienda, médicos y otros servicios  que les beneficien y sean promovidos por el estado.